Hoy toca pollo en nuestra receta porque os traigo uno de mis platos favoritos y que siempre pido cuando voy a un restaurante chino y está en la carta: Pollo con salsa de naranja. Nunca me puedo resistir y, como soy un auténtico amante de los cítricos en platos salados, estaba clarísimo que tenía que intentar recrear esta receta en casa. La verdad es que la receta está muy lograda y, además, tiene un plus que lo hace todavía más atractivo: es una versión más light que la que nos encontramos en los restaurantes chinos. ¿Por qué? Pues porque el pollo no está frito como el de los restaurantes, sino que se saltea a fuego fuerte en un poquito de aceite de oliva (o girasol, no importa). Pero no penséis que esto le quita mérito al pollo, para nada. Con este método, el pollo mantiene un rebozado suave que cubre cada trocito de pollo y que hace que no nos demos cuenta que no está frito en toneladas de aceite. La verdad es que este paso aligera mucho el plato y hace que, al comerlo, 1) no quede grasiento (cosa que, para ser sinceros, detesto con toda mi alma) y 2) la gente no se sienta para nada culpable al comerlo (aunque yo opino que por comer nadie debería sentirse culpable, que conste en acta, ¿eh?).
